Mié. Ene 19th, 2022


Recibes al Hijo VIVO de Dios presente en cada hostia consagrada y en cada partícula por pequeña que sea

También vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo.

I Pedro 2,5

Hace poco te escribí explicándote las tres condiciones básicas para una buena comunión.

Una de esas tres condiciones era saber a quién estás recibiendo, así lo tratarás con amor, respeto y dignidad.

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Y es que comulgar en la misa no es cualquier cosa. Recibes al Hijo VIVO de Dios presente en cada hostia consagrada y en cada partícula por pequeña que sea.

Por eso hay que tener tantas delicadezas y cuidados.

San Juan Bautista de la Salle tiene un pensamiento que debes leer, me hace recordar a Jesús abandonado en tantos sagrarios del mundo. Medita en sus palabras:

“Ustedes reciben con frecuencia a Jesús en su corazón; más, ¿no está Él como en un establo, donde no haya otra cosa que suciedad y corrupción, porque están apegados a algo distinto a Él? Si lo miraran como su Salvador y Redentor, ¿qué honores no le tributarían?”

Pienso mucho en esto, sobre todo por la forma descuidada en que algunos reciben a nuestro Señor.

He visto personas que sacuden la mano después de tomar con ella la Comunión y comulgar, o la restriegan contra el pantalón, como limpiándola, en lugar de revisarla en busca de partículas de hostia consagrada.

Decía san Josemaría Escrivá:

Cuando yo era niño, no estaba aún extendida la práctica de la comunión frecuente. Recuerdo cómo se disponían para comulgar: había esmero en arreglar bien el alma y el cuerpo. El mejor traje, la cabeza bien peinada, limpio también físicamente el cuerpo, y quizá hasta con un poco de perfume… eran delicadezas propias de enamorados, de almas finas y recias, que saben pagar con amor el Amor. Amad la Misa, hijos míos, amad la Misa. Y comulgad con hambre, aunque estéis helados, aunque la emotividad no responda: comulgad con fe, con esperanza, con encendida caridad».

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Antes de cada comunión me gusta mucho agradecer al buen Jesús su amor, amistad, cariño.

Todo lo que ha hecho por mí. Hay un pensamiento de san Josemaría en el que suelo reflexionar antes de recibir a nuestro Señor en la santa comunión. Me ayuda a prepararme bien y a estar consciente de a quién voy a recibir en mi alma.

“¿Hemos pensado alguna vez en cómo nos conduciríamos, si sólo se pudiera comulgar una vez en la vida?”.

Te pido que reflexiones sobre ello y hagas tuyo este pensamiento y si puedes, respondas la pregunta.

Yo sí lo pienso a menudo, en las Eucaristías. Y me sé indigno, pecador, pero también me sé amado desde la eternidad, con hambre de Dios, necesitado del pan de Vida eterna, del cuerpo de Cristo.

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¡Perdona Señor tantas ofensas e indiferencias!

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Por CAtolicos

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